La Historia
Solo los colombianos entendemos lo que significa el olor a pandebono caliente. Ese aroma no solo abre el apetito, también abre el corazón. Es tan rico que uno quisiera embotellarlo, guardarlo en la maleta y rociarlo por ahí cada vez que ataca la nostalgia de casa.
En Cali, donde nació esta joya, el pandebono se consigue en la panadería de la esquina. Pero ojo: si escuchas que acaban de salir del horno, corre, no camines. Porque cuando los pandebonos están calientes, vuelan. Se acaban en segundos. Hay algo de ritual en esa espera: la fila, el olor, la bolsita que quema un poco los dedos y el primer mordisco que te hace olvidar cualquier problema existencial.
Yo no entendí lo importante que era eso hasta que me mudé lejos. Uno cree que puede sobrevivir con cualquier pan, pero no. El pandebono no es solo comida, es combustible emocional. Nada me levanta más que un pandebono con tinto, un cafecito con leche, una Pony Malta o, si estamos hablando en serio, una lulada bien fría.
Y no es solo orgullo nacional, es evidencia casi científica: el año pasado el pandebono fue nombrado el mejor pan del mundo según TasteAtlas. No me sorprende. Lo que sí me sorprende es cómo hay gente que aún no lo ha probado. A veces hablo con personas que no son colombianas y pienso: “¿Cómo hacen para disfrutar de la vida sin haber probado esto?”
Así que, por el bien de la humanidad (y de tu paladar), aquí va mi receta de pandebonos.
La Receta
- 2 tazas de almidón o harina de yuca
- 2 cucharadas de harina de maíz
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de polvo para hornear
- 2 cucharadas de azúcar
- 200 g de queso rallado (puede ser fresco o campesino)
- ½ taza (50 g) de queso costeño o feta rallado
- 3 cucharadas de mantequilla
- 1 huevo
- Un chorrito de leche (la vas agregando poco a poco).
- Precalienta el horno a 220 °C.
- En un bowl, agrega el almidón de yuca, la harina de maíz, el polvo para hornear, el azúcar y la sal, y mezcla todo muy bien.
- Luego añade la mantequilla, el huevo, el queso fresco y el queso feta, y mezcla bien.
- Agrega la leche poco a poco, sin exagerar. La idea es que la masa quede suave y moldeable, no líquida. Si se te pega un poquito en las manos, vas por buen camino.
- Forma con la masa bolitas o aritos, del tamaño que prefieras (solo recuerda que crecerán un poco en el horno).
- Colócalas sobre una bandeja cubierta con papel mantequilla.
- Hornea durante 25 minutos, vigilando que no se pasen de dorado. La clave es ese color dorado intenso.
- Sácalos del horno y déjalos reposar un par de minutos.
- ¡Disfruta!
